Lo sé. La publicidad no quiere salvar el mundo, aunque a veces mentirosamente lo afirme. Pero cuando un banco te ofrece un crédito de consumo para pagar por la educación de tu hija de cuatro años, en un país donde la calidad de la educación –incluso de la mayor parte de los colegios particulares- está profundamente cuestionada y los niveles de desigualdad son una aberración, donde el derecho a la educación se transa –siempre a la baja- en el mercado, la publicidad parece sobrepasar esa tenue línea que separa la mentira que todos sabemos que es mentira y la otra mentira, esa que algunos –unos pocos- quieren que creamos que es verdad.
(Source: elquintopoder.cl)





